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¿Qué es el ácido hialurónico? Uso en artrosis de rodilla

Cada uno de nosotros tenemos unos 15 gramos de ácido hialurónico en nuestro cuerpo. Es una sustancia de textura viscosa, formada por moléculas de gran tamaño, que abunda en los ojos, en la piel y en las articulaciones.

En una articulación sana, el ácido hialurónico es un componente principal del líquido sinovial, que actúa tanto de lubricante como de amortiguador, por ejemplo, al correr o saltar. Sin embargo, en las articulaciones con artrosis se observa una reducción de la cantidad y de la calidad del ácido hialurónico. En cantidad, se reduce su concentración en el líquido sinovial. En calidad, se reduce el tamaño de moléculas que lo forman.

De ahí que se haya propuesto que inyecciones de ácido hialurónico en la articulación puedan compensar estas pérdidas y restaurar las propiedades viscoelásticas del líquido sinovial.

La polémica
El ácido hialurónico se utiliza desde hace más de 30 años en oftalmología –por ejemplo, en intervenciones de cataratas o trasplantes de córnea-. Se utiliza también en dermatología y medicina estética –por ejemplo, para tratar cicatrices del acné o para disimular arrugas de la cara-.

Pero su uso para el tratamiento de la artrosis ha sido más controvertido, ya que faltan estudios bien diseñados y con un volumen amplio de pacientes que hayan evaluado su eficacia. A falta de un gran estudio concluyente, el ácido hialurónico tiene defensores y detractores entre los médicos que tratan a pacientes con artrosis. Y a falta de consenso, la posición oficial de la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos (AACO) es que “no podemos recomendar el uso de ácido hialurónico para el tratamiento de la artrosis sintomática de rodilla”.

Los últimos datos
Después de que la AACO se posicionara contra el ácido hialurónico, sin embargo, un nuevo estudio ha reevaluado los datos científicos disponibles sobre el ácido hialurónico para el tratamiento de la artrosis de rodilla. El estudio es lo que técnicamente se llama un metaanálisis, es decir, un análisis conjunto de los resultados de estudios independientes. De este modo se consigue sintetizar datos de un gran volumen de pacientes a partir de estudios realizados con pocos voluntarios, de modo que se consigue más potencia estadística y más consistencia en los resultados.

La clave de este tipo de estudios es cómo se seleccionan los que se incluyen en el metaanálisis y los que se excluyen. En este caso, los investigadores han decidido incluir únicamente estudios realizados con ácido hialurónico de calidad farmacéutica. Por lo tanto, se han excluido productos de calidad inferior que podían distorsionar los resultados.

Asimismo, se han incluido únicamente ensayos clínicos en los que se ha comparado la eficacia del ácido hialurónico con el de una solución salina; es decir, a algunos pacientes se les inyectaba ácido hialurónico en la articulación dañada, a otros se les inyectaba una solución salina y se comparaban los efectos en ambos casos. Se eliminaban así posibles sesgos como los del efecto placebo y se ha podido identificar el efecto concreto del ácido hialurónico.

Finalmente, se han incluido únicamente resultados clínicos publicados en revistas científicas y que habían sido evaluados por el sistema de revisión por pares. De este modo, se han examinado sólo estudios avalados por la comunidad científica.

Con estos criterios de selección, el metaanálisis ha incluido 29 ensayos clínicos en los que habían participado 4.866 pacientes. Los resultados, publicados en Clinical Medicine Insights: Arthritis and Musculoskeletal Disorders, muestran que las inyecciones de ácido hialurónico de grado farmacéutico son beneficiosas en casos de artrosis de rodilla. “Las inyecciones provocaron efectos terapéuticos muy amplios sobre el dolor y sobre la función de la rodilla”, concluyen los autores del metaanálisis.

¿Cómo se administra?
El tratamiento suele consistir en tres inyecciones que se administran con una semana de diferencia, aunque algunos médicos recetan dos y otros llegan hasta cinco. La primera vez puede sorprender la sensación de la aguja en la rodilla, pero no es más molesta que el pinchazo de un análisis de sangre. Sus efectos no son inmediatos. Los beneficios empiezan a notarse aproximadamente un mes después de la primera inyección y duran unos seis meses. Al final de este periodo, si médico y paciente consideran que el resultado ha sido bueno, se puede repetir el tratamiento.

Pero, aunque los síntomas mejoren, el ácido hialurónico no cura la artrosis. Puede mejorar la lubricación de la articulación y la capacidad de amortiguación, pero no restaura el cartílago dañado. Por ello, conviene recordar que no es un sustituto sino un complemento de otros tratamientos y recomendaciones.

Dr. Héctor J. López E.
Cirugía Ortopédica Reconstructiva